08 de noviembre. Tierra de confusión
- Cuentissimo
- 8 nov
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 nov
Tierra de confusión. Háblanos de una ocasión en la que te sentiste fuera de lugar.
El pasado domingo, fui invitada a una cena donde despedíamos a un compañero que iniciaba su periodo de jubilación. No era triste, era alegre: celebrábamos ese momento.
Siempre he sido muy feliz en mi ambiente laboral. Pero he de admitir que, aún así y ya desde un principio, no tenía previsto participar en dicha cena. Conocía a las personas que iban a asistir y, aunque tienen buen fondo, con ninguna de ellas guardaba una relación de confianza. Mis compañeros más cercanos, con quienes compartía mi día a día, o con quienes lo compartí en un pasado, no iban a estar. Sin embargo, en el último momento decidí presentarme, pues una amiga me convenció.
Fue poner un pie allí y arrepentirme al instante. Busqué rápidamente en mi almacén mental de excusas alguna que pudiera servir: en vano. Para más inri, acabé sentándome justo en el último lugar en el que deseaba hacerlo. Enfrente de mis superiores y junto a compañeros de otro grupo, con quienes no tenía absolutamente ninguna afinidad. No sabía ni adónde mirar. De nuevo, más desesperadamente esta vez, intenté buscar razones para abandonar el lugar, pero ya era demasiado tarde.
También mi indumentaria me causó problemas. Antes de asistir, ya había descartado rotundamente llevar vestido, pues solo atraería miradas y no me apetecía sentirme como un mono de circo. Aunque fue una buena elección, mi alternativa no lo fue. Decidí ponerme unos tejanos blancos con agujeros en los costados. Con decir que tuve que estar toda la cena poniéndome y quitándome el abrigo desde la silla para no llamar la atención, creo que es suficiente. Recibí numerosos comentarios por ese maldito pantalón, durante y después del convite.
Por desgracia, el anfitrión, aparte de ponerme en un aprieto comentando en voz alta mi atuendo, acabó haciendo lo que esperaba que hiciera (pues ya lo había hecho antes): emborracharse y vocear burradas de lo más machistas.
Por ese motivo, en cuanto pude, cogí mis cosas y salí casi derrapando de ahí. No quería aguantar ni un minuto más.

Comentarios